miércoles, 6 de agosto de 2025

Ni tan buena onda, ni tan serio: cómo hablar con los estudiantes y ganarse el respeto

 Una parte fundamental del rol del preceptor es saber como comunicarse con los estudiantes. No se trata solo de dar indicaciones o controlar asistencia: también somos referentes, acompañamos y marcamos límites. Por eso, es clave encontrar el equilibrio justo con el trato.

😀 Tip rápido para preceptores: ser cercano sin perder autoridad es la clave para lograr una buena relación con los estudiantes.

Buena onda? Sí, pero con cuidado.

Ser buena onda no significa ser permisivo. Al contrario, un preceptor debe generar confianza y cercanía, pero sin perder la autoridad. Si uno se muestra demasiado estricto o distante, probablemente no logre conectar con los estudiantes. Pero si se muestra " demasiado amigo", se corre el riesgo de que no respeten los limites o tomen las reglas como algo flexible.

Claves para una buena comunicación

  • Hablar con respeto siempre: el tono, las palabras y la actitud son fundamentales. Un "por favor", un "gracias" y un "buen día" marcan la diferencia.
  • No gritar ni ponerse a la par: la firmeza no tiene que ver con levantar la voz, sino con tener claridad, en lo que se dice y sostenerlo.
  • Escuchar también es parte de hablar: a veces, los estudiantes solo necesitan ser escuchados. Estar disponibles y mostrar interés genuino es parte del trabajo.
  • Ser claro y coherente: si pedimos puntualidad, orden o respeto, también tenemos que dar ejemplo con nuestras acciones diarias.
  • Evitar favoritismo: tratar a todos con la misma vara es fundamental para mantener la confianza y  el respeto del grupo.   
Te cuento una experiencia personal

Durante mis practicas profesionalizantes, un grupo de estudiantes me hizo un chiste en tono burlón. En vez de reírme o ignorarlo, respondí de forma seria, sin enojarme, pero dejando en claro que no era ni el momento ni el lugar para ese tipo de comentarios. Con esa respuesta, entendieron que no iba a seguirles el juego, pero tampoco me puse a la defensiva ni los confronte.

Esta situación me sirvió para confirmar que un preceptor no tiene que ser ni "el poli malo" ni el "preceptor amigo". Tiene que ser una figura firme, que sepa marcar los limites con respeto y claridad.




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