Además, el preceptor puede identificar señales de malestar emocional, dificultades familiares o problemas de convivencia, y derivar la situación al equipo de orientación o a los docentes cuando sea necesario. De esta manera, se contribuye al bienestar integral de los estudiantes y a un clima escolar más saludable.
Acompañar desde lo emocional también implica promover el respeto, la inclusión y la escucha activa, creando un entorno donde cada estudiante se sienta parte, comprendido y valorado por quien es.
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