De observar a participar activamente en la vida escolar
Luego de las prácticas de 1° año, donde todo era observar y aprender desde el silencio, en el 2° año pude comenzar a involucrarme directamente en las actividades escolares. Esta etapa fue un paso importante: ya no solo miraba cómo funcionaba la escuela, sino que empezaba a formar parte de su dinámica.
Participación en la rutina escolar
Durante estas prácticas, comencé a asumir algunas responsabilidades bajo la supervisión de mi preceptora:
Acompañar a los estudiantes en sus clases y recreos.
Registrar asistencia y llevar el control de algunas planillas.
Mediar en conflictos menores y acompañar situaciones de dificultad.
Colaborar con docentes y orientadores en actividades puntuales.
Fue un paso importante porque me permitió sentir el rol en la práctica y entender cómo cada acción del preceptor impacta en la convivencia escolar.
💬 Aprendizajes personales
Pasar de observar a participar activamente me enseñó varias cosas:
La importancia de ser proactiva, sin esperar siempre indicaciones.
Que cada decisión, incluso pequeña, puede influir en el bienestar de los estudiantes.
La necesidad de organización y planificación, porque cumplir tareas administrativas y acompañar a los alumnos requiere coordinación constante.
Que el diálogo y la empatía son herramientas fundamentales para resolver conflictos y construir un buen clima escolar.
Reflexión final
Las prácticas de 2° año me permitieron afirmar mi vocación como futura preceptora. Cada día de participación me mostró la importancia de estar presente, escuchar, orientar y acompañar de manera consciente.
Poco a poco, fui comprendiendo que el rol del preceptor no es solo una función administrativa, sino una tarea educativa que deja huella en los alumnos.
“Participar me enseñó que ser preceptor significa actuar con intención, acompañar con sensibilidad y construir un vínculo de confianza con los estudiantes.”

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